Crónicas desde La Laguna. La cebolla

2 11 2009

Hola, aquí estoy, de nuevo desde los 28º 19’ N, 16º 19’ O. No tengo claro el motivo, pero lo cierto es que siempre me ha gustado hacer comparaciones para explicarme. No soy propenso a la descripción escueta y concisa sino que me inclino más a la analogía y el circunloquio.

Cada uno tiene sus cosas, unos más y otros menos, yo cargo con las mías. Desde esta afición a comparar a fin de explicarme, tras muchos años de reflexión y práctica, he llegado a la conclusión de que nada hay como la cebolla.

Uno puede centrarse en las diferencias a la hora de tratar de establecer paralelismos y similitudes. De esta manera, se hace preciso encontrar aquello que menores diferencias tiene respecto a nuestro objeto de comparación. Esta vía resulta gravemente onerosa y en las más de la ocasiones, estéril (al menos esa es mi experiencia). Además, no es poco frecuente que la víctima de nuestros desvelos “didáctico – explicativos” no coincida en absoluto con nuestra apreciación, lo que unido a que “le trae al pairo” nuestro derroche verbal se traduzca en que nos envíe a destinos poco gratificantes – según la orientación sexual de cada uno – .

Frente a esta estrategia, la inversa, centrarse en las similitudes. Que distinto un perro de un gato, no obstante, ambos tienen cuatro patas, el cuerpo recubierto de pelo y rabo. Es en la concreción de esta estrategia, en la táctica, cuando la cebolla revela toda su importancia, no encontrando animal, vegetal o cualquier otra cosa que reúna, además de sus cualidades organolépticas las que presenta para la modelización (o representación simplificada de la realidad, cualquier realidad).

La cebolla, maravillosa, en la ensalada, con gofio, junto al bacalao…, ante un problema, si pensamos en la cebolla podemos ir vislumbrando y sometiendo a análisis nuevas dimensiones del mismo, vemos así que nuestro problema no es más que una cebolla, más o menos grande, con distintas capas cada una de las cuales nos brinda su sabor.

Las personas somos como las cebollas, también tenemos diferentes “capas” y es la unión de todas ellas la que nos define íntegramente.

Son estos dos ejemplos del porque pienso que con la cebolla pueden establecerse los paralelismos y hallarse las similitudes que consideremos necesarias para explicar cualquier cosa que queramos. Y es en esta conclusión, donde también radica el principal problema de la virtuosa cebolla y la estrategia adoptada, y es que al final, lo mismo da un perro que un gato.

En cualquier caso, yo que me dedico a vender cebollas, me siento afortunado por su existencia. Gracias a ella sobrevivo y disfruto de algunas cosillas placenteras. Veo crecer a mis hijos, juego con mi perra, dispongo de tiempo para ocio…y claro, como todos, como mucha cebolla, incluso sin darme cuenta (la mala es, en este caso, la que uno come sabiéndolo).

Bueno, voy a ver la tele, es preciso saber como anda el mercado.

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Un comentario

2 11 2009
veronicapadron

… y se a lo anterior le añadimos que además la cebolla hace llorar a las personas….

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