Crónicas desde La Laguna. El paraíso y yo.

11 11 2009

Pesimista1Hoy estoy algo más optimista de lo normal. El mundo me parece distinto, un poco mejor. Quizás se deba a las pequeñas gotas de lluvia que me saludaron al amanecer, cuando partía hacia el trabajo desde los 28º 19’ N, 16º 19’ O.
No dejo de reconocer que el hecho de que se me escapara la guagua que la empresa pone a disposición de sus empleados (por un módico precio) me borró momentáneamente la sonrisa, pero bueno, no estuvo mal el pequeño paseo hasta la estación de guaguas, el bajar apretadito en mi asiento al lado de una oronda señora. Vamos, que todo tiene su lado bueno si uno quiere verlo.
Creo que es a Julio Cesar a quien se atribuye el dicho: “Los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos”.
Siento disentir, ya quisiera yo esa fortuna para mí. Son muchas las pequeñas cosas en que debo fijarme y las que debo desterrar de mi pensamiento para alcanzar un momento de alegría. Ya quisiera yo, creer aquello que más se acomode a mis deseos, si así fuera, no echaría de menos…, mi mundo estaría repleto de certezas y vacío de miedos, no estaría tan lejana la alegría…
Quizás sea una mala traducción la que me ha llegado del dicho original, en latín claro y, en todo caso, la frase la conozco ajena a su contexto, donde probablemente su sentido sea palmario. Ahora yo a más de 2000 años de distancia, me dedico a hacer disquisiciones sin otro fundamento que mi ignorancia y un gran error de interpretación.
Hay tantas cosas que me gustaría creer y no puedo. Que distinto el mundo para el “creyente”, cuanta felicidad. ¿Y si el paraíso no fue otra cosa que la inexistencia de incertidumbre, la fe sin duda en aquello que queríamos creer?action-figure-2
Hoy pienso que es buena la duda porque es ella la que me hace libre. De lo contrario viviría sumido en una infancia permanente. La incertidumbre forma parte de mi vida – sí, lo asumo – como los miedos, pues son ellos los que me permiten distinguir que siento y padezco, apreciar una sonrisa y sentir el calor de una mirada amiga.
¡Ay, tremendas memeces puedo escribir en poco tiempo! ¿Qué habrás hecho para haber leído esto?.

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Crónicas desde La Laguna. La importancia de una dieta variada.

4 11 2009

dietaHola de nuevo desde los 28º 19’ N, 16º 19’ O. Hoy tengo un mal día. Uno de esos en que me siento un completo imbécil y me acuerdo de un libro que leí en mi juventud y que aún me acompleja.

Recuerdo el día en que caminando por Heraclio Sánchez, tropecé ante el escaparate de Lemus (el que hace esquina con la calle Catedral) con Fernando, el hermano de mi amigo Ignacio. En un primer momento me alegré – que poco sospechaba yo las funestas consecuencias que iba a tener este encuentro – Fernando, acababa de llegar de Cuba, que en ese momento afrontaba el que llamaban “Período Especial” y yo, que siempre he padecido cierta curiosidad por dicha isla mil veces nombrada en las conversaciones de mis abuelos y sus hermanos, le hice saber mi interés por la Gran Antilla:

–        Hombre Fernando, que alegría verte. ¿Qué pasó?¿Cómo te fue por Cuba?

–        Ya ves, aquí, contento. ¿Qué te parece? – dijo mientras señalaba el escaparate.

–        ¿El qué?

–        Mi libro. Estoy contento de ver un trabajo mío publicado.

Sin aviso, me soltó: es aquel “Tomates, burgados, espacios naturales protegidos y turismo”. En ese momento, para ser sincero mi pensamiento no pasó de un triste “¡Ño! Fuerte título compañero” que obviamente se expresó verbalmente como “¡Qué bien! ¿Estará a la venta aquí?”

No podía ser de otra manera – porque tengo que reconocer que el dichoso título me dejó intrigado – y terminé por comprar y leer el libro. Ese fue el comienzo de mi desgracia a la que aún no he conseguido poner fin.

Hasta ese momento vivía feliz, ignorante de mis limitaciones. Fernando se había convertido en el ángel que me expulsó del paraíso.

Si, disfruté enormemente de las transcripciones de las entrevistas que había sostenido con diferentes personas de la comarca (la zona costera del municipio de Arona, La Punta de Rasca) y sus alrededores. Gocé con las anécdotas como la de aquel pescador que, en una asamblea en los Cristianos intervino señalando al resto de asistentes su condición de hombre de mundo por haber llegado en sus andanzas hasta El Tablero; conociendo como las personas habían sacado provecho de aquel territorio en diferentes momentos del tiempo hasta llegar al día de hoy,  en que forma parte de uno de los núcleos turísticos que más visitantes recibe en esta isla. Pero entonces me di cuenta de mi propia pequeñez y falta de recursos. Conocí la envidia en toda su magnitud. ¿Cómo es posible que alguien hubiese sido capaz de sospechar tan solo, todo lo que recogía aquel libro?¿Por qué yo no fui capaz de ver otra cosa que piedras, cardones y pencas en un territorio del que otro es capaz de contar tanto?

Que importante es la mirada, más aun, querer ver. Como yo me dedico a las cebollas, al final, como ya conté en otro momento, todo lo igualo a estas. Me está pareciendo que igual me equivoco, no se puede vivir solo a base de cebollas y es preciso meterse un tomate entre pecho y espalda de vez en cuando. Hay que variar la dieta.

Quien mejor me conoce, al oírme decir un día una cosa y al siguiente la contraria suele decirme: “Cada vez que meas,  piensas. Coño”

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Crónicas desde La Laguna. La cebolla

2 11 2009

Hola, aquí estoy, de nuevo desde los 28º 19’ N, 16º 19’ O. No tengo claro el motivo, pero lo cierto es que siempre me ha gustado hacer comparaciones para explicarme. No soy propenso a la descripción escueta y concisa sino que me inclino más a la analogía y el circunloquio.

Cada uno tiene sus cosas, unos más y otros menos, yo cargo con las mías. Desde esta afición a comparar a fin de explicarme, tras muchos años de reflexión y práctica, he llegado a la conclusión de que nada hay como la cebolla.

Uno puede centrarse en las diferencias a la hora de tratar de establecer paralelismos y similitudes. De esta manera, se hace preciso encontrar aquello que menores diferencias tiene respecto a nuestro objeto de comparación. Esta vía resulta gravemente onerosa y en las más de la ocasiones, estéril (al menos esa es mi experiencia). Además, no es poco frecuente que la víctima de nuestros desvelos “didáctico – explicativos” no coincida en absoluto con nuestra apreciación, lo que unido a que “le trae al pairo” nuestro derroche verbal se traduzca en que nos envíe a destinos poco gratificantes – según la orientación sexual de cada uno – .

Frente a esta estrategia, la inversa, centrarse en las similitudes. Que distinto un perro de un gato, no obstante, ambos tienen cuatro patas, el cuerpo recubierto de pelo y rabo. Es en la concreción de esta estrategia, en la táctica, cuando la cebolla revela toda su importancia, no encontrando animal, vegetal o cualquier otra cosa que reúna, además de sus cualidades organolépticas las que presenta para la modelización (o representación simplificada de la realidad, cualquier realidad).

La cebolla, maravillosa, en la ensalada, con gofio, junto al bacalao…, ante un problema, si pensamos en la cebolla podemos ir vislumbrando y sometiendo a análisis nuevas dimensiones del mismo, vemos así que nuestro problema no es más que una cebolla, más o menos grande, con distintas capas cada una de las cuales nos brinda su sabor.

Las personas somos como las cebollas, también tenemos diferentes “capas” y es la unión de todas ellas la que nos define íntegramente.

Son estos dos ejemplos del porque pienso que con la cebolla pueden establecerse los paralelismos y hallarse las similitudes que consideremos necesarias para explicar cualquier cosa que queramos. Y es en esta conclusión, donde también radica el principal problema de la virtuosa cebolla y la estrategia adoptada, y es que al final, lo mismo da un perro que un gato.

En cualquier caso, yo que me dedico a vender cebollas, me siento afortunado por su existencia. Gracias a ella sobrevivo y disfruto de algunas cosillas placenteras. Veo crecer a mis hijos, juego con mi perra, dispongo de tiempo para ocio…y claro, como todos, como mucha cebolla, incluso sin darme cuenta (la mala es, en este caso, la que uno come sabiéndolo).

Bueno, voy a ver la tele, es preciso saber como anda el mercado.





Crónicas desde La Laguna. La transformación.

30 10 2009

Antes Torre de La Concepción

Torre de la Concepción


Herradores

Antes calle Herradores

Hola, aquí estoy, en el ombligo de mi universo (para aquellas personas que necesiten referencias claras, en las coordenadas 28º 19’ N, 16º 19’ O), esto es, en el espacio que en distintos tiempos ha conformado mi consciencia.

San Cristóbal de La Laguna. En realidad, según decía mi primo “Conradito”, en una parte de esta población que se corresponde con “el culo del mundo”. Tan importante para mí, y tan poca cosa para otros.

Estoy llegando a una edad, donde comienzan a preocuparme cosas en las que hasta ahora no había ni pensado (el colesterol, la evolución de la testosterona según la edad y sus efectos físicos, …) y donde mi mente y puntos de vista se han abierto a un abanico más amplio de opciones – esencialmente en lo que al tipo y características físicas de las féminas que con más facilidad cautivan mi atención – y es que todo cambia. Lo cierto es que permanezco anclado, adherido, a los recuerdos, a mi pasado. Si bien se que el cambio es inevitable y continuo, que yo mismo cambio y que en gran medida muchos de los cambios que se producen a mi alrededor son, sin duda, mejoras sustanciales, resulta que en mi mente fluyen imágenes inevitablemente unidas a sensaciones y sentimientos que conforman ese recuerdo.

Así, la imagen que tengo de la calle Herradores o de la torre de La Concepción, está asociada al tacto de la mano de mi madre, a la mirada de aquella chica que me dejaba sin palabras…y claro, me resisto a dejar atrás todo esto. Una cosa es La Laguna, “Patrimonio de la Humanidad”, con sus edificios, su trazado urbano, su historia y demás, y otra mi Laguna, La Laguna que yo llevo conmigo, que son personas (los chicos de mi calle, amistades, familiares, gentes que han pasado) momentos y períodos de mi vida como el Instituto (estudié en el San Benito), la Universidad… y lo que me quede por delante.

Plaza de la Concepción

Antes Plaza de la Concepción

Pese a esta resistencia, soy un hombre de mi tiempo (que espero todavía esté lejos de agotarse) y ahora mi Laguna cambia, como yo, que ya hablo con la chica cuya mirada gusto recibir – no es la misma que antes, esta estuvo menos espabilada y cayó, así que llevamos algunos años juntos – y el tacto de la mano que ahora me conforta es el de mi hija o el abrazo de mi hijo.

Todo esto es para mostrarles unas fotos del cambio que está experimentando La Laguna, sabiendo que no voy a conseguir trasladarles lo que este cambio significa para mí.